El Filántropo


A
pesar del despliegue de maravillas tecnológicas de este siglo -en medicina, transporte, energía nuclear y comunicaciones electrónicas- vivimos en una sociedad enormemente problemática. Bajo el triple azote del consumo de drogas, la criminalidad y el declive de los valores morales, gran parte de este mundo se ha convertido verdaderamente en un páramo. Según algunas estimaciones, la marihuana, por ejemplo, es ahora el mayor cultivo industrial de América, mientras que las drogas ilegales han dado un beneficio bruto mundial de 500 mil millones a un millón de millones de dólares. Además de estas cifras, están los 54 mil millones de dólares invertidos en drogas médicas y psiquiátricas; finalmente nos enfrentamos con una crisis de proporciones inmensas en la que la gente de nuestro planeta invierte más dinero en drogas que en comida, ropa y alojamiento juntos.

     Sin embargo, el ingreso obtenido de manera ilegal es sólo un índice del número de pérdidas debido al consumo de drogas hoy en día. Otro factor es la relación con el crimen. Según estudios realizados por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, tres de cada cuatro sospechosos arrestados por crímenes violentos, dan positivo en las pruebas de detección de drogas ilegales. Esto se traduce en 1,4 millones de actos de violencia aproximadamente al año... y el costo de esto en términos de miseria humana es incalculable.

     En la causa discutible tanto del consumo de drogas como de la criminalidad se encuentra lo que ha sido denominado como “la crisis moral del siglo XX”. También en este ámbito los hechos son alarmantes: casi la mitad de todos los matrimonios acaban en divorcio; un 67 por ciento de todos los americanos admite sin rubor que mentiría por obtener beneficio económico; mientras que otro 47 por ciento confiesa que haría trampas para aprobar un examen decisivo. No es sorprendente entonces que, los índices de hurtos, desfalcos y las restantes formas de robo hayan alcanzado proporciones de epidemia, y que un 76 por ciento de los americanos haya llegado a describir esta era como “La era del declive moral y espiritual”.

     En una época tan temprana como la de 1950, L. Ronald Hubbard, al percibir hacia donde se dirigía este mundo, comenzó a investigar un medio por el que, como escribió: “El hombre pueda recobrar para sí mismo algo de la felicidad, de la sinceridad, algo del amor y algo de la bondad con las que fue creado”.



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