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Vivimos en una sociedad que vive en continuo contacto con todo tipo de productos químicos. A uno le sería difícil ponerse a encontrar a alguien en la civilización actual que no estuviera afectado por este hecho. Incluso he descubierto que existe tal cosa como la Personalidad Drogadicta.
L. Ronald Hubbard
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Aunque la original investigación sobre las drogas llevada a cabo por el Sr. Hubbard, en una continua investigación durante los últimos años de la década de los 70 era reveladora, otro insidioso problema salió a la luz: aun después de años de haber dejado las drogas y haber reparado el daño inmediato de estas, el antiguo consumidor de drogas permanecía en riesgo. La clave de su problema residía en lo que el Sr. Hubbard descubrió que eran los residuos diminutos de drogas previamente ingeridas que permanecían almacenados en los tejidos grasos del cuerpo. Estos residuos, capaces de activarse en cualquier momento, son los que explican lo que se denomina comúnmente como evocación retrospectiva, y se ha demostrado que es especialmente perturbador para aquellos que han experimentado con LSD. Sin duda, incluso años después de su ingestión, los antiguos consumidores de drogas se han encontrado a sí mismos en terribles e imprevisibles viajes. Más aún, como el Sr. Hubbard descubrió más tarde, las drogas callejeras no son las únicas substancias perjudiciales que se alojan en los tejidos grasos. De hecho, prácticamente todo tipo de droga, veneno químico, conservante, pesticida y residuo industrial que ingerimos regularmente puede alojarse en nuestros tejidos y perjudicarnos.
Esa revelación -y el Sr. Hubbard fue sin duda alguna el primero en reconocerlo- tenía profundas ramificaciones. Si se considera, por ejemplo, un informe posterior de la Agencia de Protección del Medio Ambiente en el que admite que el americano medio consume unos 2 kilos de pesticidas al año, reteniendo en el cuerpo más de 400 substancias potencialmente peligrosas. Lo que todo esto significa en términos de deterioro de la salud y reducción del promedio de vida, la Agencia de Protección del Medio Ambiente no puede decirlo a ciencia cierta. Pero un hecho está perfectamente claro partiendo de la investigación original del Sr. Hubbard y otros estudios médicos secundarios: estas substancias tóxicas influyen en gran medida en la disminución de nuestra habilidad para actuar, pensar y percibir.
El daño se hace de esta manera: dado que el cuerpo es esencialmente un sistema de comunicación, con el cerebro actuando como un panel de control para llevar a cabo la traducción de pensamiento en acción, las substancias bioquímicas pueden ser devastadoras, interrumpiendo realmente el patrón normal de pensamiento. No es necesario decir que estas substancias tóxicas colaboran también en la inhibición de nuestra velocidad de aprendizaje, nuestra memoria y el resto de capacidades necesarias para nuestro bienestar espiritual.
 Sólo algunos de los reconocimientos y acuses de recibo para L. Ronald Hubbard por su tecnología de purificación.
 
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